
El cristianismo no difiere de otras religiones al colocar sus principales celebraciones coincidiendo con otras más antiguas.
La Natividad se fijó entonces hacia el Solsticio de Invierno (Hemisferio Norte), ya que en todas las épocas, los pueblos tenían una fiesta por esa fecha. Es fácil observar la detención aparente del sol en su marcha de un hemisferio a otro.
Cuando la gente dependía más de la naturaleza para su supervivencia, reunirse en el invierno para fraternizar y compartir los alimentos que se habían cosechado era fundamental para que la tribu pudiera seguir existiendo. Desde sus orígenes más primordiales esas fiestas son para manifestar la solidaridad y la esperanza, representada por el inevitable regreso del sol. A veces, convendría recordarlo para tener presente estos importantes sentimientos en nuestra sociedad de consumo.
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